El Evangelio de Judas, o cómo eludir un debate...
En los últimos días se ha dado a conocer un nuevoapócrifo de los Evangelios. Antes de continuar, una aclaración: apócrifo, en susentido más antiguo y fiel, significa escondido u oculto; fue posterior la asignaciónde sentido que identifica esta palabra con lo espurio o falso. Dicho esto, esinteresante aprovechar esta coyuntura para hacer algunas digresiones.
Hace menos de un año se cumplieron cuarenta años de laClausura del Concilio Vaticano II. La Iglesia Católica no festejó, ni recordóespecialmente esta fecha, ¿razones?, para empezar, frente a esta fecha hayposiciones encontradas, por un lado están quienes preferirían olvidar aquel acontecimientoy por eso lo combaten y callan, por otro quienes, desalentados y hartosde esperar su aplicación han comenzado a pedir por otro concilio.¿Se imaginan si se hubieran invertido un décimo de losrecursos dilapidados en el "festejo" del tercer milenio,en difundir e implementar el Concilio Vaticano II y sus resonancias latinoamericanas:los documentos de Medellín y Puebla? Ésta no es sino unapregunta retórica, un anhelo, casi un lamento.
A estas alturas deben estar preguntándosequé tiene esto que ver con el reciente descubrimiento arqueológicodel Evangelio de Judas, les pido unas líneas más de paciencia. Desde hace casi treinta años la Iglesia Católica sedesgasta en discusiones estériles puertas adentro, que si el limbode los niños no bautizados, que si hay fuego en el infierno u olor aazufre, que si Judas es inmundo o elegido. En el mientrastanto de tanta estupidez, el mensaje, el proyecto y lafilosofía del cristianismo se mueren de vergüenza y aburrimiento.Se hace cada vez más difícil hacer pie en la realidad del hombre,apropiarse de lo humano como forma de vincularse con latrascendencia. Y esa fuerza, presente en la vida de Jesús deNazaret, ese abrazo interminable a la humanidad, profundamenteanclado en lo cotidiano y lo posible, se pierde, no sólo para laIglesia, sino para el mundo entero.
No daba crédito a mis ojos y oídosescuchando al Papa Benedicto XVI insultar en la homilía al pobreJudas, de quien no sabemos qué sabemos, pero igual recoge odioslargamente macerados, deliberadamente alimentados. Pasamos cuarentadías bañados en sangre, machacando la idea de que Dios quiso la muerte espantosa que sufrió Jesús, como parte de un "plansalvador".Y yo pregunto: ¿si hubiera muerto de viejo, no hubiera servido para nada su paso por esta tierra? ¿Sus palabrasy gestos, que marcaron la historia serían menos significativos?
La Iglesia ha salido, en la persona de sumás alto mando, a contradecir este documento, a desestimarlo. Paraserles sincera, desde el punto de vista teológico es claro su contenidognóstico, aunque hay que decir también que de este mismo contenidoestá repleto el Evangelio Canónico de Juan, pero bueno, eso da paraotra nota. ¿Será que con la misma virulencia se desestimará lafestividad de la Asunción de María, que la liturgia toma delProtoevangelio de Santiago, también "inmundamente" apócrifo?¿Será que alguna vez nos pondremos a hablar de algo importante, quetenga la facultad de modernizar la institución, de democratizarla?Ojalá, dicen que la esperanza es lo último que se pierde...
Ileana